Por Claudio Andrade
Por estos días puede verse en HBO un más que interesante documental llamado “Síndrome del salvador” (HBO) que algunos extremistas del movimiento verde, pero sobre todo autoridades y referentes sociales y empresariales deberían analizar cuidado.
El núcleo argumental de este trabajo dirigido por Jackie Jesko y producido por
Roger Ross Williams, refiere a ese grupo de personas y organizaciones que creen fervientemente que pueden salvar a una sociedad más allá de los intereses y necesidades de ella misma.
Se trata de sujetos que obnubilados con la idea de encarnar a un salvador son muy capaces de terminar matando a aquellos que pretendían cuidar.
El documental cuenta la historia de la joven evangélica Renee Bach quien fue acusada de practicar la medicina ilegalmente en África provocando la muerte de más de 200 muertes de niños.
Hace unos meses Raúl Toledo le decía a los medios en Magallanes que ONGs como Greenpeace no saben “el daño” que le provocan a los trabajadores artesanales y operarios de la industria salmonicultora en general con sus esfuerzos de marketing negativo.
En abril pasado el yate Witness llegó a Puerto Natales después de recorrer los
fiordos en el marco de una presunta campaña internacional de denuncia contra el sector salmonicultor, pero cuando recalaron en Natales se negaron a bajar y dialogar con los trabajadores quienes los esperaban.
En los últimos años la ONG ha iniciado una fuerte campaña contra el sector que no ha hecho más que trate de instalar una imagen apocalíptica sobre la realidad de Magallanes. Algo que está muy lejos de la realidad.
Pero a la salvadores no parece importarles que existen altos estándares de producción y que la industria entrega más de 7000 empleos con salarios por encima del promedio nacional.
Puerto Natales sin duda tendría un paisaje bastante menos exitoso de no ser por el impacto positivo de la salmonicultura en su sociedad otrora pobre y olvidada. Una sociedad donde hoy convergen por cierto la salmonicultura y el turismo internacional.
Los productores del documental de HBO explican que detrás de esta de solidaridad se esconde una nueva forma del racismo.
En otras palabras los salvadores creen que pueden hacer mucho más por las personas que son objeto de su obsesión que ellos por sí mismos.
Claramente esto recuerda el rol del millonario matrimonio Tompkins que desembarcó en Chile en los 90 para salvar a Chile de su propia historia. Y así también poderosas ONGs financiadas algunas por las empresas de estos magnates o compañías amigas.
El resultado profundamente negativo comienza a hacerse notar en la región de Magallanes con el retroceso del empleo y situaciones de incertidumbre que habían quedado en el pasado.
Los visionarios salvadores calaron en ciertas capas del gobierno y de actores políticos que tampoco tienen muy claro los alcances del desarrollo industrial en Magallanes.
Justo por estos días se lleva adelante un encuentro empresarial que reúne a representantes de todo el país. Una convocatoria a contramano de lo que esperan lograr los salvadores de turno: expulsar a la población local por su propio bien. Convertir Magallanes en un parque nacional exclusivo para turistas y algunos millonarios.
“Williams sostiene que cualquiera que observe de cerca encontrará el mensaje justo frente a él. “Este es un problema continuo en África. Este es un problema constante en Uganda”, afirmó. “Si te preocupas por la gente y si te preocupas por ayudar a la gente, prestarías atención al daño y la devastación que estos evangélicos estadounidenses están causando. No digo que todos sean malos, pero el salvador blanco es una forma de racismo”, indica el productor de “Síndrome del Salvador”.
Sus palabras resuenan muy cerca de nuestro sur.