La verdad siempre es un asunto complejo. Por lo mismo, buscarla es objeto de debate incluso antes que la verdad misma. ¿Cómo hacemos para encontrar la verdad?

“Los humanos sabemos muchas más verdades que ningún otro animal, pero también creemos en muchas más insensateces. Somos, al mismo tiempo, los habitantes más listos y los más crédulos del planeta”, escribió el historiador Yuval Noah Harari en una columna de The New York Times titulada “¿Por qué la ficción triunfa sobre la verdad?”.

Por estos días de Mundial, la FIFA intenta desentrañar “la verdad” de los hechos ocurridos en la cancha por medio de la tecnología más moderna que se haya conocido. En total suman 45 cámaras específicamente para las alternativas del juego y 16 más para corroborar los offside. Además de los árbitros. Más una pelota con chip que detecta hasta los mínimos roces corporales.

Aun así, durante el partido entre Croacia y Portugal la discusión acerca de los flamantes métodos para encontrar esa verdad futbolera se elevó hasta lo indecible. “Mataron al fútbol”, opinaron varios de los más conocidos comentaristas deportivos.

Sin embargo, esta difícilmente haya sido la opinión de los futbolistas de Portugal, quienes resultaron favorecidos por un detalle técnico. El chip integrado indicó en un registro que el balón fue impactado de forma débil, tenue e imperceptible para el ojo humano, pero real, por el pelo de un jugador de Croacia. Suficiente motivo para que se generara una nueva jugada que dejaba en offside a su compañero, quien recibió la pelota e hizo un pase definitivo hacia el gol. No fue.

No está claro por qué el sistema no registró el siguiente bote, después del toque de cabello, en un jugador de Portugal (un hecho involuntario), pero quedó probado el contacto que desencadenó la decisión final.

Eso es lo que sucedió. Puede que en Portugal alguien hoy festeje el avance de una nueva tecnología, mientras que en Croacia el rechazo sea total.

Estos sistemas hubieran terminado denunciando el gol con la mano de Maradona ante los ingleses y provocado la expulsión de cientos, miles de jugadores que fueron con mala fe a disputar una pelota y la sacaron barata: con amarilla o nada.

El impulso de buscar la verdad, por imperfecto que resulte el proceso, no merece, no puede, ser invalidado. Lo contrario es engañarnos a nosotros mismos y alegrarnos cuando la trampa nos favorece.