Para quienes tenemos más de 55 años, resulta muy fácil observar que Puerto Natales cambió. Y el cambio ha sido profundo. La concepción de espacio aislado y marginado del resto del planeta quedó erradicada con el turismo internacional y la salmonicultura.

En la actualidad, las aerolíneas mantienen sus vuelos durante todo el año gracias a la combinación de ambas actividades económicas. Por un lado, transportan, ida y vuelta, a visitantes de todo el mundo; por otro, llevan salmón diariamente a países como Estados Unidos y Japón. Se estima que, entre ambos sectores, ofrecen empleo a más de 6000 personas en Natales de manera directa e indirecta. En cuanto a números magallánicos, la salmonicultura representa USD 650 millones en exportaciones y el turismo USD 400 millones como producto del gasto de los visitantes.

Pensando en los años 60, 70, 80 y 90, esto parece un raro sueño. Una imagen lograda, pero distinta de lo que era capaz de bosquejar esa humilde sociedad respecto de lo que, en verdad, iba a ocurrir con ella. En los 80, el turismo se presentaba a cuentagotas. Se estima que el promedio de visitantes del Parque Nacional Torres del Paine llegaba a los 5000. Hoy las cifras rondan los 400.000: más de lo esperado, menos de lo posible. También en los 80, la salmonicultura comenzaba a mostrar sus primeros avances en Natales con el auspicio de la Fundación Chile.

El Natales de la obra pública y de la impronta de crecimiento no existía en lo concreto. En los 90, el 40% de la población de Chile vivía en la pobreza y Natales no era una excepción. Sus recuerdos de desarrollo se vinculaban con la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, pero esta organización de capitales ingleses se disolvió en 1971, dejando detrás una gran estructura y un pasado legendario.

Hasta fines de los 70, todavía quedaban algunos empleados en el Frigorífico de Puerto Natales atados a una actividad que había desaparecido. Parecía un cuento dulce aquel pasado en el que un tren viajaba cotidianamente desde el pueblo al puerto con personal y material logístico. El mundo cambió, al igual que los mercados y las culturas de consumo.

Medio siglo después, el Frigorífico Bories es un hotel de 5 estrellas, The Singular, que logró rescatar una arquitectura histórica que nos dice mucho de nosotros como sociedad. Medio siglo después del cierre de operaciones del Frigorífico, Natales exhibe un Polideportivo Municipal acorde a un Primer Mundo que todavía no abrazamos (con una inversión total, sumando la piscina, de más de USD 12 millones), un nuevo edificio municipal (inversión de unos USD 4 millones actuales), una costanera extendida y con proyectos de ampliación que superan los USD 20 millones, una planta procesadora de agua (alrededor de USD 10 millones), un Rodoviario (poco más de USD 3 millones a precios actuales), un estadio (más de USD 3 millones) y un nuevo hospital (alrededor de USD 50 millones), por mencionar algunos de los ejemplos más emblemáticos.

Según datos del mercado, cotejados por Zona Zero a través de datos públicos e IA, se estima que en los últimos 20 años la ciudad (exclusivamente la ciudad, sin contar rutas) ha recibido unos USD 500 millones en infraestructura pública si se suman las implementaciones de servicios de alcantarillado, agua y electricidad. Solo la Cartera Vial de Última Esperanza de estos años más recientes supera los USD 100 millones. El aeropuerto de Natales, hoy en medio de la polémica por las obras en el verano, abarca una inversión superior a los USD 12 millones, pero llegaría a los USD 290 millones con la infraestructura totalmente finalizada.

Por otro lado, en los últimos 3 a 4 años (especialmente 2024-2026), la inversión pública en vivienda social en Puerto Natales supera con facilidad los USD 50 millones.

En ese período, la inversión privada alcanzó su momento más alto. No menos de otros USD 500 millones fueron invertidos en salmonicultura y turismo. Solo las tres plantas procesadoras radicadas en la localidad significaron un gasto de unos USD 200 millones. La inversión portuaria aledaña a Puerto Bories ronda otros USD 3,5 millones. A esto debe sumarse la edificación de oficinas de empresas, construcción de galpones, gasto en adquisición de embarcaciones de diverso tipo, nuevos hoteles y la compleja logística de la producción en los fiordos. Se calcula que la construcción y ampliación de los principales hoteles en Última Esperanza representan una inversión superior a los USD 100 millones en 15 años.

Entre los 70 y principios de los 90, todavía se contaban en miles los trabajadores chilenos en la mina de Río Turbio. Irónicamente, en la usina eléctrica el gobierno argentino invirtió USD 1800 millones y la estructura quedó inconclusa. Hoy Río Turbio atraviesa una crisis laboral y económica.

Las más de 6000 personas que trabajan en turismo y salmonicultura representan una masa salarial de unos USD 8 millones que mensualmente se derraman sobre la ciudad. Son alrededor de USD 100 millones anuales.

La ironía del reporte es que, mientras recogemos estos datos de fuentes abiertas y públicas, Puerto Natales, como Chile mismo, lleva una década con una economía a marcha lenta. No todas las glorias son pasadas; sin embargo, queda claro que las mayores iniciativas del último período se vinculan con el capital privado. Tampoco es que la ciudad haya tocado sus límites, más bien hubo una caída en la impronta que venía mostrando hasta entonces.

En el horizonte inmediato no aparecen inversiones públicas de relevancia y, al mismo tiempo, la inversión en salmonicultura se encuentra acotada por una burocracia que no deja respirar al sector.

Los caminos lógicos de Puerto Natales en la próxima década deberían ser profundizar en el turismo de amplio alcance (para acercarse a cifras de 1 millón de visitantes), más que duplicando el gasto de USD 400 a USD 800 millones, y ampliar la capacidad de producción de salmón a 200.000 toneladas, lo que generaría entre 2000 y 3000 nuevos puestos de trabajo.