Ya en “El enigma de otro mundo”, el bueno de John Carpenter creaba un monstruo de mil caras que como una bola de nieve aglutinaba a todos seres los que se había comido. Incluidos los perros.
Aquello fue en 1984, cuando Carpenter hizo una nueva versión de “La Cosa” (“The Thing from another world”) de 1951. En verdad, ambas películas se basan en la novela corta “Who Goes There?” de John W. Campbell, escrita en 1938. Pero fue Carpenter quien siendo fiel al texto construyó ese masapán horroroso que nos persigue en nuestras pesadillas con los dientes afilados y babeante. Una proeza técnica para la época, además.
A su manera vimos esto en “La sustancia” de Coralie Fargea, otro monstruo convertido en una amalgama de posibilidades. Y, muy recientemente, en “Resident Evil: la noche cero”, de Zach Cregger’s.
Al salir del cine me fui pensando que después de tanto monstruo que ha cruzado por la pantalla grande, la síntesis de todos los involucrados, convertidos en una sola “cosa” metamorfa, capaz de sumar y sumar reclutas hasta quién sabe dónde, es una solución creativa para los guionistas que ya no son capaces o no se atreven a crear nada nuevo.
Ocurre incluso con la saga “Alien” donde el gusano o serpiente o lo que sea, también llamado “Chestburster” va, digamos, avanzando hacia un figura mientras adquiere matices, componente de los seres que elimina. O algo así. Se lo observa bastante en los nuevos-últimos capítulos de la saga de Ridley Scott.
Volviendo a “La noche cero”. Solo se puede concluir que este tipo de fatalidades no pueden ser conjuradas. El protagonista, un mensajero que lleva órganos humanos para su trasplante, toma un trabajo de último momento, y el infierno se desata para él. Porque el infierno ya se estaba calentando en otro lugar distante y si bien el mensajero podría ser parte de la solución, al final, se convierte en parte del problema.
Dicho esto, hay sangre, mordidas, dientes, golpes bajos, sustos a todo orden y placer, desquicio, locura y momentos tragicómicos. Después de todo, hablamos de ciencia ficción y esperemos que nada de esto ocurra.
Como en “La Sustancia” y “The Thing”, llega la bola de caras hambrienta. No es un solo monstruo sino varios. Una cuestión confusa que primero sorprende y luego se entiende. Algún día volverán los monstruos individuales, únicos, con características singulares, para placer de los nostálgicos. Por ahora tenemos este coro inexacto de furia, rabia y baba.