Por Juan Santiago Gómez Andrade

La salmonicultura chilena es una de las industrias más dinámicas del comercio exterior. En 2025, las exportaciones de salmón superaron los US$ 6.000 millones, consolidando a Chile como el segundo productor mundial después de Noruega. Sin embargo, el impacto social de esta actividad no se distribuye de manera equitativa en el territorio nacional.

En las regiones de Los Lagos y Aysén, las empresas agrupadas en SalmonChile —Australis, Multi X, Mowi, Ventisqueros, Yadrán, Salmones Austral, entre otras— han financiado programas de capacitación laboral y becas técnicas. El Programa de Fortalecimiento de Competencias para Liceos Técnicos Profesionales, desarrollado junto a ONG Canales y OTEC Capital Humano, ha certificado a más de 1.300 estudiantes en especialidades de Acuicultura y Elaboración Industrial de Alimentos. Liceos como el Insular de Achao, el Politécnico de Calbuco, el Instituto del Mar Capitán Williams en Chonchi o el Politécnico de Quellón han recibido apoyo directo, con cursos avalados por Sernapesca y prácticas en centros de cultivo.

La situación en Magallanes es distinta. Aquí no existen liceos técnicos con la carrera de acuicultura; la formación se concentra en instituciones de educación superior como la Universidad de Magallanes y el CFT Estatal de Magallanes. Esto explica por qué los aportes de las salmoneras en becas y capacitación no se perciben en la región: simplemente no hay programas escolares locales que reciban ese apoyo. La brecha es evidente.

Mientras Los Lagos y Aysén cuentan con inversión social que fortalece barrios y comunidades, en Magallanes —donde la industria también opera— los beneficios son escasos. La ausencia de programas de formación técnica en enseñanza media limita la vinculación territorial y deja a las poblaciones locales fuera de la cadena de valor exportadora.

El desafío para la salmonicultura es claro: extender su inversión social hacia Magallanes, apoyando la creación de carreras técnicas en liceos y programas comunitarios. Solo así podrá demostrar que su éxito internacional también se traduce en desarrollo equitativo para todas las regiones donde opera.